sábado, 9 de octubre de 2010

¿CON QUÉ SUEÑAN LOS ANIMALES?

Aunque los científicos han demostrado que los animales sueñan, las preguntas que suscita en ellos esta actividad son múltiples: ¿Sueñan todos los animales? ¿Con qué sueñan? ¿Qué finalidad tienen sus sueños? ¿Se trata de una técnica de aprendizaje similar a la observada en los humanos?




Aquellos que tienen algún animal doméstico en casa no tienen más que observar lo que hacen cuando duermen para saber si sueñan. Los indicadores típicos suelen ser movimientos oculares bajo los párpados (fase de sueño REM donde suele producirse la mayor parte de los sueños), cambios en la respiración, temblor de las orejas o bigotes, espasmos ocasionales de la cabeza o las patas. En el caso de los perros, se puede incluso observar que si se les coloca comida delante comienzan a masticar. ¿Y con qué sueñan si es que efectivamente sueñan?

Hace más de una década que el psiquiatra Jonathan Winson y sus colegas consiguieron demostrar que las neuronas en el hipocampo de las ratas se reactivaban durante el sueño como resultado de experiencias durante las horas de vigilia, lo cual parecía indicar alguna forma de vida onírica. No obstante, hasta hace un par de años no se había tenido la certeza de que los animales –al menos algunos de ellos- sueñan y, sobre todo “saber” algo sobre el contenido de esos sueños. En la actualidad, debido a los descubrimientos de dos investigadores de la memoria del Instituto de Tecnología de Massachussets es posible afirmar que los elefantes sueñan con la verde sabana, los leones con las presas que cazan, las ardillas con los árboles del parque y las ratas de laboratorio sueñan con complicados laberintos, aunque probablemente las de alcantarilla lo hagan de forma menos prosaica y sus sueños sean tan épicos y variados como los humanos… 
Laberinto para ratasLos resultados del estudio fueron publicados en la revista Neuron en enero de 2001 y arrojaron nueva y definitiva luz sobre la función del sueño en el establecimiento de los recuerdos a largo plazo.

Matthew Wilson, profesor adjunto de ciencia cognitiva en el citado instituto, junto con el biólogo Kenway Louie, entrenó a cuatro ratas en un laberinto circular para que aprendieran cómo obtener comida. Durante las carreras por el laberinto, los investigadores controlaron la actividad cerebral de los roedores registrando los esquemas neuronales en el hipocampo, una zona implicada en la memoria. Luego estudiaron la actividad neuronal en dichos animales cuando se encontraban dormidos en la fase de sueño REM y observaron que las neuronas se activaban de la misma forma que cuando las ratas corrían por el laberinto. Esto parecía revelar que, tras un largo día de carreras en el laberinto, las ratas soñaban con lo que habían vivido.

De hecho, de los 45 episodios REM, cada uno de entre 60 y 250 segundos de duración registrados por los investigadores mientras las ratas dormían, 20 contenían una reproducción del recorrido laberíntico. El esquema también se observaba durante los periodos de onda lenta del sueño, normalmente en los periodos posteriores a las carreras de las ratas en el laberinto. En la fase REM, el esquema solía aparecer antes de la sesión diaria de las ratas en el laberinto, es decir, unas 24 horas después de que hubieran encontrado la comida.

Lo anterior viene a confirmar que mientras soñamos el cerebro desea aprender de las experiencias de la vida. Wilson está convencido de ello:



Stickgold ha sugerido incluso que los periodos alternados de sueño profundo y sueño más ligero y actividad onírica que experimentamos cada noche son vitales para asimilar información, ubicar esquemas en nuestras memorias, aprender y perfeccionar habilidades. Aunque se tiende a creer que sólo la práctica ayuda a la perfección, el sueño también tiene que ver mucho en ello, según este investigador:


En las personas, la conexión entre el soñar y el aprender resulta mucho más difícil de precisar y, de hecho, hasta 1994, gracias a los trabajos de Avi Karni del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, no comenzó a confirmarse que las personas podrían aprender ciertas habilidades durante la fase REM del sueño.

El sueño probablemente no es necesario para todas las formas de aprendizaje, pero es especialmente importante para la “memoria de procedimiento”, es decir, aprender “cómo”, más que aprender “qué”. En este sentido, Stickgold dio a conocer en abril de 1999 los resultados de una investigación sobre los sueños de personas que acababan de participar en un juego de ordenador llamado Tetris. Al igual que las ratas soñaban sobre tareas repetitivas realizadas durante el día, los jugadores de Tetris soñaron también sobre el juego: en la segunda noche del experimento muchos dijeron haber visto imágenes más vivas de los cubos del Tetris a medida que se dormían. Las imágenes parecían representar algún rasgo importante del juego y, en concreto, algunos testigos indicaron que con frecuencia veían las piezas con las que tenían mayores dificultades.

Si ahora sabemos que los recuerdos episódicos de los seres humanos son “ensayados” de nuevo en el hipocampo durante el sueño, tal vez representando un proceso por el cual la memoria se consolida gradualmente y pasa a otras zonas del cerebro, parece lógico que los animales también aprendan soñando. Por ello, además de las ratas, los investigadores han estudiado otros animales en busca de información sobre la existencia de un posible mundo onírico que les permita recordar y reevaluar sus experiencias. 
Mamíferos soñadoresEl hecho de que algunos animales duerman y sueñen muy poco en comparación con otros que lo hacen mucho parece estar inversamente relacionado con el grado en que las diversas especies se las arreglan con el peligro ante los depredadores. Según las investigaciones de T. Allison and D. Chichetti en 1976, publicadas en Science, las especies más vulnerables tienden a tener un sueño poco activo, es decir, cuanto más peligro corren en el entorno, menos sueñan.

Mientras los anfibios y los peces no parecen soñar y los pájaros tienen episodios oníricos muy breves, entre los mamíferos la situación es muy distinta. La cantidad de sueño en fase REM con frecuencia tiene que ver con el grado de desarrollo del animal al nacer. Aquellos que nacen prácticamente desarrollados como las ovejas apenas disfrutan de fases REM. En estas últimas, por ejemplo, tan sólo se observa un 1% de fase REM en su sueño diario. Por el contrario, los animales que continúan creciendo y desarrollándose después de nacer -al igual que los humanos- suelen soñar mucho más.

El estudio del sueño efectuado por L.M. Mukhametov y sus colegas en 1988 entre los mamíferos acuáticos ha arrojado también unos resultados sorprendentes: los delfines, marsopas y focas muestran ondas de sueño lento (sueño profundo) en un solo hemisferio cerebral, es decir, que cada hemisferio duerme alternativamente, cuando el otro está despierto o en un estado de sueño muy ligero. Mukhametov ha alegado que esta peculiaridad hasta ahora observada sólo en los vertebrados homoiotérmicos podría estar causada por el regreso al entorno acuático de los antepasados terrestres de las modernas ballenas y focas.

En cuanto al papel de los sueños en la memoria, Wilson insiste en que estos pueden suministrar la oportunidad de reunir experiencias que no ocurrieron a la vez pero que estaban relacionadas para que aprendamos de ellas. Por ejemplo, la repetición de una serie de experiencias agradables o desagradables puede permitirnos aprender qué tenían estas experiencias en común y utilizarlas para guiar nuestra conducta futura.

Wilson dice que las posibilidades tecnológicas para “escuchar a escondidas” lo que ocurre en el cerebro durmiente ofrece una base para analizar el contenido de los estados del sueño. Podía también convertirse en una valiosa herramienta para tratar problemas de la memoria como el amnesia o la enfermedad de Alzheimer y de este modo permitir desarrollar fórmulas para que la gente aprenda y memorice con mayor eficacia. Ha comprobado, por ejemplo, que la gente tiende a recordar mejor lo que aprende si duerme después de aprender. Los estudiantes que estudian por la tarde y luego descansan bien por la noche normalmente retienen más lo estudiado que los estudiantes que pasan la noche en blanco y luego van a los exámenes sin haber descansado. Todo ello le ha llevado a la siguiente conclusión: "Hace una siglo que Freud sacó a la luz el subconsciente y el examen del contenido de los sueños como herramienta para comprender la naturaleza cognitiva y la conducta en los humanos. Ahora tenemos los medios para estudiar el mundo de los sueños en la cognición animal y, al hacerlo así, aprendemos de paso sobre la nuestra”.


¿SUEÑAN MUCHO LOS ANIMALES?

Antes se creía que sólo las criaturas “inteligentes” como los humanos y los chimpancés tenían capacidad para soñar. Sin embargo, aunque actualmente no hay certeza de que todos los animales tengan la experiencia del sueño, se sabe que son muchos los que la tienen. Incluso las moscas parecen disfrutar de episodios oníricos según el investigador Marcus Frank.


Los registros encefalográficos obtenidos sobre los diversos estados del sueño en animales como ratas, gatos, monos, zarigüeyas, elefantes y también pájaros han confirmado lo anterior. También se sabe que algunos animales como el equidna, una especie de puercoespín australiano, no disfruta de fase de sueño REM.

El hecho de que esta fase de sueño REM se reconozca en los mamíferos y los pájaros, pero no en las serpientes ni en otros reptiles, ha hecho pensar a algunos investigadores que dicha fase se debe a un proceso filogenético tardío relacionado con los animales de sangre caliente.

Los investigadores Rojas-Ramírez y Drucker-Colin realizaron en 1977 una comparación de las diferentes fases REM en algunos animales y sus respectivos despertares y observaron variantes muy diversas. Veamos algunas de ellas:

- Los pájaros sólo pasan aproximadamente un 5% de su tiempo de sueño soñando. Parecen 
  tener episodios oníricos muy breves.
- Los gatos sueñan una vez cada 42.3 minutos y lo hacen durante 15.5 minutos.
- Las vacas sueñan muy poco: una vez cada 82.6 minutos y sólo durante 1.6 minutos.
- Las zarigüeyas tienen fases REM de 23.3 minutos de duración cada 19.2 minutos.
- Los monos ardilla sueñan durante 22.9 minutos cada 17.00 minutos.
- El hombre sueña una vez cada 60.6-76.36 minutos y por una duración de entre 6.6 y 10.6

  minutos.

En cuanto a los indicadores de actividad onírica, se han observado algunos bastante curiosos en los siguientes animales:
-Los elefantes no cambian de postura cuando entran en la fase REM o salen de la misma. Esto dificulta mucho conocer si están en dicha fase, ya que tampoco es fácil ver los movimientos de sus ojos porque estos son bastante pequeños. Sin embargo, algunos indicadores de la fase REM en elefantes, al igual que en otros animales, son los temblores de los párpados, respiración irregular y vocalizaciones.

-Los chimpancés dan alaridos.

-Los reptiles tienen movimientos oculares rápidos durante el sueño pero no van acompañados
 con ondas cerebrales similares a las de los humanos durante dicha fase.

-Las jirafas tienen aproximadamente veinte minutos de sueño REM todas las noches, con
 episodios de uno a seis minutos cada vez. Durante este tiempo, están tumbadas con la
 cabeza sobre el cuerpo o en el suelo. Les tiemblan los párpados ocasionalmente.
-Los caballos tienen que estar tumbados en el suelo para experimentar la fase REM. A veces
 mueven las patas cuando duermen e incluso relinchan.

-Las ovejas suelen dormir en una posición de “esfinge”, pero ocasionalmente se estiran mientras duermen. Durante ese periodo se observan en ellas muchos indicadores de aparentes fases REM: movimientos de orejas y patas, así como temblor ocasional de párpados. 


Publicado en Más Allá, nº 176, octubre 2003, páginas 44-47
 
 
Las ratas de laboratorio parecen tener más sueños REM si pasan sus horas del día aprendiendo o experimentando cosas nuevas, mientras que las ratas que están desprovistas de REM tienen mayores dificultades a la hora de aprender los esquemas laberínticos donde se mueven.
 
También Robert Stickgold, adjunto de psiquiatría en la Harvard Medical School, se ha hecho eco de estas investigaciones corroborándolas: "Estos datos están suponiendo un magnífico apoyo a la idea de que los humanos y los animales emplean el periodo del sueño para ‘meditar’ la información que han obtenido recientemente y, al menos en los humanos, en el pasado distante”.
“Solía decir que el sueño era un periodo ideal para aprender, pero ahora diría que ciertas partes del aprendizaje no se producirían sin dormir y soñar”.
En relación con los descubrimientos de Wilson, Howard Eichenbaum, psicólogo y catedrático en la universidad de Boston, ha señalado que
“muchos filósofos y científicos se plantean la cuestión de si los animales tienen experiencias cognitivas y conscientes, y trabajos como estos suponen un testimonio más de que así es”.
“El cerebro parece guardar recuerdos como si fuera un álbum de recortes, pero sólo algunas experiencias se vuelven a vivenciar en los sueños. Esto podría determinar los sucesos que recordamos”.

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